domingo, 21 de marzo de 2010

CAPÍTULO 1. La Teoría de la Catástrofe de Toba.

Jeremy, compañero en el Departamento, me invitó a salir esa noche. Después de dos años y medio en Coventry, aún no conocía demasiado bien los pubs de la ciudad. No es que no me gustara beber fuera de casa, pero la realidad es que no tenía demasiado tiempo, las clases ocupaban muchas horas del día y estaba preparando mi tesis, y el único, y el mejor, momento para poder trabajar era la noche. Por lo que mis salidas se limitaron casi exclusivamente a unos cuantos cafés con colegas y alguna escapada al cine para ver los nuevos estrenos. Pero aquella noche me dejé convencer. Jeremy era un tipo bajito, rubio y con evidentes problemas de alopecia que, sin embargo, los disimulaba muy bien, El poco pelo que le quedaba en la cabeza lo conjuntaba a la perfección con una cuidada perilla y un aspecto milimétricamente desaliñado. Vestía vaqueros Levi´s desgastados, camisas de cuadros, chaquetas de pana y siempre llevaba gorros de lana. Parecía un leñador de los campos escoceses, pero en realidad era catedrático de Estudios Hispánicos, número uno de su promoción en Oxford y por su tesis, que había sido publicada también en castellano, recibió una mención especial de la Real Academia de la Lengua. Era curioso, sin embargo, su torpe acento español. Yo impartía clases de Literatura Española Contemporánea en la universidad. Estudié Filología Inglesa en la Complutense. Aunque fue en Londres, durante el año posterior a mi graduación cuando aprendí inglés. Como muchos, decidí viajar casi a la aventura. En Londres encontré trabajo, primero en un Starbucks, posteriormente en la cafetería de una escuela de idiomas, luego como profesor en ella y poco después tenía una recomendación expresa del director del centro para trabajar en Coventry con un compañero de estudios en Oxford llamado Jeremy Fellon.
En The Old Windwill servían las mejores cervezas de todo West Midlands, o al menos eso aseguraba Mr. Fellon. Yo siempre pedía Guinness, por lo que la diferencia para mí era nula, aunque es verdad que allí estaba más fresca. Era un bar típico inglés, fabricado en madera, de fachada blanca, con sillas que no paraban de crujir, lámparas de copa verde muy bajas, las paredes llenas de cuadros conmemorativos al proceso de fermentación de la cerveza y una campana que sonaba justo antes de la última ronda. Si no fuese por la limpieza del aire debido a la prohibición de fumar en lugares públicos y que uno de los servicios de la taberna era acceso a internet gratuito por WiFi, hubiese sido complicado determinar la fecha exacta que la que me encontraba. Después de tres pintas, la conversación viró desde la discusión sobre los perfiles clásicos de los alumnos de tercer año hasta la fogosidad sexual de las inglesas del norte. Desde que llegué a Coventry, sólo había tenido tres citas que acabaron en la cama, y además con tres alumnas, cosa que despertaba una inusitada admiración en Jeremy, que se reía nerviosamente, encendiendo su cara, cuando en voz baja y entre dientes me preguntaba sobre los detalles que nunca conseguía conocer.
Nunca había ligado mucho. Tuve mis momentos, como todos, en especial en mi segundo año de universitario, en Madrid. Aún hoy no entiendo el motivo, pero aquel año dormí más veces en camas ajenas que en la mía propia. Pero segundo curso acabó, y la verdad mis escarceos amorosos se redujeron bastante, por no decir una barbaridad. No era especialmente guapo, ni alto, ni atlético. Mido poco más del metro y setenta centímetros y no peso más de setenta kilos. No tenía peinados modernos sacados de estrellas del rock ni llevaba piercings. Creo que tengo la nariz pequeña, o al menos no encuentro su concomitancia con el resto de la cara. Tengo los ojos muy grandes, blanco de bromas para mis compañeros de colegio y para mis alumnos de universidad y no tenía la musculatura definida. Solía correr tres o cuatro días por semana y los fines de semana aprovechaba para ir a nadar a una piscina cercana a mi casa, pero nunca he encontrado la manera de hacer notar mis músculos. A veces pienso que directamente no existen. En mi favor, diré que casi todas las mujeres que se han acostado conmigo encuentran atractiva mi delgadez, y todas coinciden en definirme como alguien interesante, parece ser que soy ese tipo de personas que instiga a conocer, con el aura misteriosa de que esconde algo genial, aunque puedo asegurar que no disimulo nada extraordinario. Creo que se refieren a mi innata timidez, o a mi recelo.
Nunca tuve una novia de larga duración. Natalia, una chica de Zaragoza que estudiaba farmacia en Madrid fue la que más se acercó. Tuvimos citas intermitentes durante algo más de un año, pero nunca cuajó. Nos conocimos en una fiesta universitaria donde yo, en mis intentos de integrarme en la vida estudiantil, había bebido como unas veinte cervezas y al principio me encontró tan divertido que accedió a dormir conmigo, para cuidarme en mi borrachera, dijo. Desde entonces comenzamos una relación más sexual que de amistad. En realidad creo que nunca le acabé de caer bien, era demasiado soso para ella, aunque disfrutaba mucho conmigo en la cama, y eso la hacía llamarme una vez por semana. Supongo que el chico rubio que paseaba con ella por la Gran Vía un día de marzo había conseguido superarme. Después de Natalia todo había sido demasiado efímero. Hasta ese día tomando pintas con Jeremy en The Old Windwill podía asegurar que nunca me había enamorado realmente.

- ¿Y quién es la última? ¿Anne? Claro que es Anne, hay algo entre vosotros, confiesa –dijo con marcadísimo acento inglés-.
- No, no es Anne, no es nadie, no te lo voy a contar y por qué no hablamos en inglés.
- Claro que es Anne. Tengo que practicar mi español. Es Anne, está buenísima. Son of a bitch.

Sí fue Anne. Una chica morena, alta y con unos preciosos ojos verdes. Una alumna ejemplar, sus notas eran excelentes, sus trabajos casi publicables. Me pidió una tutoría para tratar como abordar el estudio de un pasaje de El resplandor de la hoguera de Valle-Inclán, y tras una reunión en mi despacho dónde hablamos de música, de comida vegetariana y de viajes en barco, pero de Valle-Inclán ni una sólo palabra, me invitó a que le preparara la cena esa noche, oferta a la que acepté encantado. Antes fueron Jess y Colette. Era todo mi bagaje. Jess era pecosa y con la piel blanquísima. Estaba claro que no le gustaba, pero su modo de pasar curso no era exactamente el de encerrarse en la biblioteca. Cuando en los claustros de profesores sonaba el nombre Jessica Fields, carraspeos y miradas de reojo era la música ambiente. Colette era la fundadora del club de literatura del campus. Morena, su madre era de Biarritz, con los labios finos y los ojos achinados, poseía el don organizativo e incansable de las nuevas generaciones. Me pidió ayuda para configurar una serie de libros escritos en español para incluirlos en la sección de recomendados en su recién estrenada página web. Bastó un par de cafés y un paseo por Foleshill Park. No era alumna de mi clase, así me ahorraba tener que disimular delante de mi auditorio, era guapa, inteligente, enérgica y voraz en la intimidad. Cursaba su último año, por lo que la relación después de unos cuantos meses podría dejar de ser más o menos clandestina. Pero la rechacé, dejé de contestar a sus llamadas y me escabullía de las citas alegando el tiempo que consumía mi tesis.
Es curioso, siempre me he planteado en que baremos medimos la atracción. En muchas ocasiones me he encontrado con mujeres que se presuponen atractivas. Mujeres altas, de gran fortaleza aparente, capaces de quitar el aliento con una mirada, en definitiva mujeres por las que cualquier hombre estaría encantado de perder la cabeza. Yo jamás me sentí atraído por la femme fatale de turno. No tenía ningún gusto en especial, es decir, no sentía predilección por las rubias o las morenas, no me importaba en absoluto su talla de sujetador y menos aún el color de sus ojos. Simplemente me dejaba guiar por mi intuición. Si una chica llama mi atención en un momento concreto no me planteo que características reúne y por qué han hecho saltar la alarma. Sencillamente me gusta. Entras a un restaurante y puede estar sentada con su pareja tomando una ensalada milanesa, o en el autobús leyendo un libro, o sentada en clase, con las chapetas enrojecidas intentado seguir con su bolígrafo la explicación. Quizás sea un gesto, un movimiento involuntario realizado en un tiempo concreto. No lo sé, pero siempre quise saberlo, entender qué es lo que tienen algunas mujeres para hacer que la fuerza de mis piernas se instale en mis sienes.
Tras la cuarta pinta, Jeremy y yo estábamos visiblemente achispados, por decir de una manera suave que estábamos completamente bebidos. En un momento, mi acompañante se levantó para ir al servicio, era la sexta vez que iba, me llevaba una de ventaja. Al levantarse de la silla casi tropezó con la mesa y poco faltó para destrozar los vasos contra el suelo. Riéndome de la situación me recliné hacia atrás mirando como llovía por la ventana, algo cotidiano en Coventry, y sobre todo, en abril. Al menos el frío en esa época del año era muy soportable y el viento había bajado la intensidad que había tenido ininterrumpidamente durante todo el invierno, pero aún así, no paraba de llover. Y si bien es verdad que los días soleados son muy agradecidos por esas latitudes, y sobre todo para alguien del sur como yo, nunca la lluvia supuso un problema para mí, no me entristecía, más bien todo lo contrario, en ciertas ocasiones me animaba y me ayudaba a dormir. Una luz iluminó el cristal por el que miraba y me despertó de mi letargo justo cuando Jeremy se incorporaba de nuevo a la mesa.

- Termínate esa, y nos tomamos la última, invito yo.
- ¿Más cerveza? –contesté, tragando saliva-. No, por favor, estoy borracho, muy borracho. Además estoy cansado, esta semana he dormido poquísimo, estoy trabajando mucho.
- Vamos, es viernes, y son sólo las diez. Come on! –agitando arriba y abajo sus manos-.
- Está bien, pero al menos déjame tomarme ésta con tranquilidad, esto parece una carrera.
- Hey, look at this! –dijo con los ojos desorbitados mirando hacia la puerta de entrada mientras poco a poco se iba levantando de la silla.

Cuando miré hacia atrás pude ver a dos chicas que intentaban desembarazarse de sus respectivas chaquetas empapadas por la lluvia. Vestían tejanos ajustados y jerséis de lana de cuello alto. Una de ellas llevaba el pelo muy corto moreno, la otra tenía el pelo oscuro y largo. Entraron sin mirar a nadie, directamente hacia la barra donde pidieron dos pintas de cerveza y tras un par de largos tragos no comenzaron a hablar. No eran inglesas, era evidente. Estaba mirando la nariz de la chica del pelo largo cuando me sorprendí en mi propia indiscreción y desvié la mirada hacia delante, en busca de mi compañero de cogorza de esa noche cuando descubrí que no estaba. Tras una panorámica a la taberna lo encontré hablando español con su torpe acento inglés con la chica del pelo corto. Mi cara de sorpresa debía emitir algún tipo de señal inaudible, pero eficaz, porque los tres me miraron al unísono mientras Jeremy me hacía gestos con las manos para que me acercara a ellos. No tuve más remedio que levantarme e ir hacia al mostrador.
Eva y Cristina eran dos españolas que llevaban desde octubre viajando por el mundo a bordo de los coches que alquilaban en los países donde se encontraban. Habían estudiado veterinaria en la Universidad de Córdoba, y desde que se conocieron en primer año estaban planeando el viaje que estaban llevando a cabo. Se propusieron recorrer países que, por alguna razón, siempre habían querido visitar. A esas alturas ya habían estado en Rusia, dónde fueron para conocer el frío extremo, en Túnez buscando el mejor hachís, en Chile haciendo rutas por la cara oeste de los Andes, en Israel viviendo la Navidad en Tierra Santa y de paso hacerse una visión real de la causa palestina, en Portugal descubriendo el arte vinícola del Alentejo, en Nueva Zelanda por aquello de que está justo en el otro extremo del mundo de sus casas y en Estados Unidos, exactamente en Alaska, para cruzar a pie el estrecho de Bering. En abril se encontraban en Inglaterra, por pura cuestión musical, siempre habían pensado que el Britpop era producto del clima y querían experimentarlo. Eva era la del pelo corto, su rostro parecía inmutable ante las continuas bromas de Jeremy en su español correctamente marcado, sonreía de vez en cuando entre trago y trago a su pinta. Cristina era la del pelo largo, hablaba más que su compañera de viaje y reía a carcajadas cuando Jeremy levantaba las manos contando el día que cayó del yate en el que había pasado el verano último junto a unos amigos de Oxford. Al principio pensé que no le hacía gracia nuestra compañía, el asalto de Fallen fue demasiado brusco e intenté disculparme a Cristina, pero ella, que se estaba divirtiendo con las anécdotas de Jeremy, me cogió del brazo y me dijo suavemente que no me preocupara, que era una suerte conocer a un español y su colega inglés. Fue ahí cuando saltó la alarma. Me quedé mirándola mientras ella hacía gestos con su cara siguiendo el relato de Jeremy e intenté descubrir que tenía esa chica española que conocí hace media hora que me estaba haciendo delirar. A esas alturas ya tenía claro que no permitiría que se fuese de Coventry al día siguiente, como tenían estipulado en su hoja de ruta.
Conseguí que Cristina se centrara en mí, gracias a la ayuda de Jeremy, que rápidamente leyó mis gestos con la mirada y empezó a hablar más débil y siempre enfocado a Eva, que casi sin quererlo se encontraba con dos pintas encima y sospechosamente atraída por ese leñador escocés que nació en Dover. Cristina me contó muchas experiencias vividas en los últimos meses, me dijo que al contrario de lo que podían pensar, no era tan caro realizar un viaje así, que Eva era la mejor compañera que se podía tener cuando decides patear la Tierra, que en todos los lugares donde habían ido encontraron españoles, cosa que no le sorprendía en absoluto y que este viaje había sido la mejor idea que había tenido nunca. Yo le conté mí aburrida estancia en la Gran Bretaña, que ojalá pudiese tener un repertorio de acontecimientos, pero que tristemente mi naturaleza ciertamente miedosa sólo me había permitido viajar a Londres años atrás y bastante duro fue en su momento. Me relató cómo habían temido por su vida cuando su coche se detuvo en algún sitio entre Novgorod y Kazan cuando la temperatura fuera era de veintisiete grados bajo cero, cómo se mueve la tierra en Chile cada diez minutos o cómo es atravesar el Bering forrados hasta los ojos con ropa térmica. Hablaba y hablaba y sentía decaer, era en ese momento absolutamente preciosa y definitivamente la sangre de mis piernas me taladraba las sienes. Intenté hacer un par de chistes, pero notando el poco éxito que tuvieron decidí callar y asentir, sonreír cuando ella lo hacía y reír a carcajadas cuando ella reía. Le pregunté dónde tenían pensado dormir esa noche, me respondió que en el coche, de eso nada, esa noche se quedaban en casa, podían cenar algo caliente, tomar una ducha y descansar en un colchón. Sorprendentemente ella accedió casi sin rechistar. Todos nos tomamos una última pinta después de que el tabernero hiciera sonar la campana y ya muy ebrios, tras recoger de su coche una ropa de muda, nos fuimos a casa caminando bajo la lluvia.
Vivía no demasiado lejos del Pub, pero llegamos empapados. Las chicas entraron en el baño juntas y tomaron una ducha caliente mientras nosotros descorchábamos una botella de vino blanco gaditano que conservaba de la última vez que vino mi hermano a visitarme, preparamos una ensalada y unas pizzas congeladas en el tiempo que emplearon en acicalarse. La cena nos sentó de maravilla y tras acabar con la botella de vino y abrir la de Jack Daniel´s, y de la que sólo Jeremy bebió, el silencio empezó a instalarse en la habitación, cosa que empecé a agradecer tras tanto trajín.
No recuerdo demasiado bien lo que nos dijimos. Tampoco me hizo falta mucho para saber que estaba a punto de dar un vuelco a mi vida. Unos cuantos días atrás había leído algo que había llamado mi atención. Un científico llamado Stanley H. Ambrose, de la Universidad de Illinois, había propuesto una teoría en 1998 en la que aseguraba que el curso de la humanidad había sido modificado drásticamente por la erupción de un supervolcán en el Lago Toba, al norte de Sumatra, del que había rastros de su explosión todavía hoy en lugares relativamente lejanos como India. El fenómeno conocido como “cuello de botella de población”, había reducido drásticamente la población mundial a menos de diez mil parejas reproductoras. La superexplosión habría dado lugar a la formación de un invierno volcánico que en sólo siete años habría acabado con toda la población humana del planeta excepto a una pequeña especie de la que todos provenimos. Todo ocurrió hace unos setenta mil años. Según Ambrose, los humanos actuales somos una especie joven surgida por un capricho de la Tierra. Mi experiencia me dice que las cosas suceden de repente, en una milésima de segundo todo tu universo puede expandirse hasta el infinito o contraerse hasta desaparecer.
Cristina durmió conmigo esa noche, y las siguientes setenta y ocho noches que trascurrieron hasta que juntos embarcamos desde Londres rumbo a Madrid. Eva siguió su viaje en solitario. Jeremy estuvo recordándome su noche con Eva durante el resto del curso, dándome las gracias por algo de lo que yo no tenía nada que ver. Después de todo lo sucedido, quizás no fue la mejor idea volver, pero hay aspectos inevitables. Cuando supervolcanes explotan es difícil salvarse.

viernes, 20 de febrero de 2009

PEREZA


Lobato Moreno




Para Santo Tomás, capital no suponía una magnitud suprema, sino origen de otros pecados. Cuando enumeró Los Siete Pecados Capitales (Santo Tomás, II-II:153:4), el defensor de la moral cristiana pretendía así erradicar ese vicio por el cual “el hombre comete muchos pecados originados en aquel vicio como su fuente principal”. La pereza forma parte de los genuinos comportamientos en los que el hombre se muestra como tal.
Pero quizás Santo Tomás tenga razón, quizás la respuesta al estímulo del pecado sea otro pecado, si es que a la creación es el camino hacia el infierno, aunque ya sabía que la ética cristiana cojeaba por alguna de sus bases. Y es que algo tiene que forzar que una mano derrotada se atreva a empuñar un carbón y hacer estragos, algo tiene que nacer en la mente del artista para poder hacer frente a lo capital y demostrar así la fuerza creativa.
Los desechos del manjar, el grial de cristal, herramientas de metal y una extraña figura que surge en lo profundo, quizás el propio Santo con un enfado de órdago. El talento y la alter ego que nace desde el arte, por y para él.
Hay fuerzas imparables, generadores inagotables de discursos humanos. Si la pereza de recoger unos simples platos de una simple mesa es motivo para la formación de una historia, un discurso pleno, espero que ningún artista deje de pecar, porque el artista no es más que un pecador con un enorme talento.

[By Kapowsky]

jueves, 19 de febrero de 2009

Desconocida.

Conexiónnula...
Qué raro este frío que me surge en el estómago y asciende por esa garganta que al parecer, es mía. Qué raro porque me es inevitable vomitarlo y me deja enferma después, aún habiéndolo expulsado, extirpado de mi cuerpo. Parece que se originara ajeno al órgano que lo produce -que sé con toda seguridad, es mío-, aunque en realidad lo que me pregunto es en qué momento mis vísceras dejaron de pertenecerme. O quizás, en qué momento fueron de mi propiedad. Apuro un poco más: la duda que tengo es cuándo tuvieron algo que ver conmigo. No sé, una localización dentro de mí, o un nacimiento paralelo al mío. Algo.Sin embargo, creo que mi diagnóstico tal vez, sea una falta íntegra de cohesión entre lo que es mío y lo que soy yo -el ego y el mei no acaban de ponerse de acuerdo- y luego, en realidad, esa patología que me despierta el frío, no se debe a él, sino a esta desconexión sin escrúpulos que me hace ser una desconocida hasta para mis propios gestos, que no se identifican conmigo, o estas palabras impropias de una boca que perece sin llegar a locuacidad alguna. Que mi voz pueda ser temblorosa y mañana un grito, sin contar con los días que me callo o los susurros que no oigo ni yo -y por tanto, desconozco de mí- no son más que prueba irrefutable de ese alguien inconexo que soy, cuando ni me atrevo a pronunciar tal palabra -yo-, palabra que me nombra a mi, pero nombrando a la vez a una indefinición de magnitud descabellada, o quizá no muy grande, el espacio en el que me ubico y que lleno de ese vacío hueco que es mi incongruencia. Y todo, por esa relación incoherente entre lo que forma parte de este ente mío y lo que es él, en su esencia. Si me obligo a diseccionarme e investigar, puedo saber que mío es el miedo, mía la inseguridad, míos todos esos traumas que no sé bien si lo son, mías las derrotas. Incluso intuyo que poseo todas las letras del abecedario en la punta de mis dedos, o todo el sonido de una palabra en el filo de mis labios. Sin embargo, ni siquiera puedo afirmar que esos labios sean míos, si son de la mentira que se desprende de una ignorancia o de esa mediocridad humana, que también es mía, por supuesto.

jueves, 29 de enero de 2009

BREVE HISTORIA INFINITA

Leer entre líneas se le daba fatal. El problema: su inseguridad, su miedo al fracaso, a creer hacerlo mal. Fracasos académicos, amorosos, familiares… venían derivados de su problema. Se le acababa el tiempo y no sabía qué hacer.
Alcohol, música y cannabis eran su anestesia, a veces juntos, a veces separados. Esto desembocaba en insomnio, llanto, kilos, desconfianza, algo de autodestrucción ……
Las paredes le atrapaban y solo deseaba recibir visitas o que se acabaran los cinco días; sólo así era libre pero eso era mentira. Ante los suyos hacía de actor y siempre se sentía el eterno Ed Harris, en segundo plano.
Estaba tan lejos de su casa………
Constantemente prometía el punto de inflexión que le hiciera cambiar y recuperar su propia confianza o quizá obtenerla por primera vez, ya no se acordaba, y ese punto no llegaba, se alargaba la agonía. Incluso le llegaba el amor ante sus narices y permanecía estático, y de nuevo llanto. Reconocida mala compañía por el supuesto affaire con alguna droga. Oía consejos casi a diario que malgastaba para alimento de su inseguridad. Siempre a la defensiva, kilos de insatisfacción.
Conseguía sobrevivir porque en el fondo era inteligente, tenía buenos genes y algún buen amigo y gracias a ello aprendió algo; una pizca de placer.
Decidió confesar consciente de la ilegalidad de una ejecución, pidió perdón, pidió perdón, no fue suficiente en el comienzo. Largas tertulias de un solo orador, dolor de cabeza, sentimiento de culpa, ganas de viajar en el tiempo, una de las pocas cosas maravillosas en la vida que refería Kapowsky en su Burla.
La confesión le trajo el indulto tras un atormentado y aprovechado verano y fue entonces cuando llegó el punto de inflexión que tanto prometía antaño.
¿Sería posible volver a empezar? De nuevo la inseguridad. Pero esta vez sí. El presente es el pasado del futuro. Cambió de residencia, perdió de vista a mucha gente, conoció a otra, cambio de corazón, de peinado, descubrió nuevas habilidades. Aún así sabía que su nivel no era ese pero es el que había elegido y no lo podía desaprovechar, ahora no! Ya tendría tiempo de seguir, el objetivo era recuperar terreno perdido. Y todo salió bonito.
Parece que sigue el buen rumbo aunque aún debe mejorar. No se le da nada bien seducir, debería leer más, cuidarse más, viajar más,…. Sin embargo ha aprendido a luchar, a escuchar, a no esconderse, ama el rojo aunque no bajo los párpados, quiere derrotar al Padre Cucharón, no soporta la incultura consentida por el propio inculto, conoce a pequeñas grandes damas, a nuevos camaradas, conserva al amigo hipocondriaco y aprende de él, ha descubierto que le gusta escribir aunque también debe aprender, entiende canciones que antes sólo oía sin más, juega con coches, sueña en azteca, en argentino, en francés, catalán y euskera.

Ahora procura una armónica, ¿llegará a California?, sólo ansía una despedida como la de Penélope a Ulises.

miércoles, 21 de enero de 2009

Y TODO EL CAMINO AQUELLA EXTRAÑA CANCIÓN

ABRIR LOS OJOS NORMALMENTE 7 MINUTOS ANTES DE LA ORDEN SONORA, REMOLONEAR Y DE UN MOVIMIENTO BRUSCO RECUPERAR LA VERTICALIDAD, CAMINAR, BEBER, METABOLIZAR; EN ESE ORDEN; VOLVER AL APOSENTO Y ELEGIR VESTUARIO A LA VEZ QUE TE REFLEJAS DE FRENTE Y AMBOS PERFILES. SALIR AL HABITACULO COMUN, SALUDAR O NO Y JUSTO ANTES DE LA PARTIDA, OJEAR POR EL BALCÓN….. “LLUEVE; PPFFFF!!!!”, “NO LLUEVE; DEBERÍA!!!!”

SALIR DE 30 PARA OCUPAR 2 DURANTE UNOS SEGUNDOS Y ENTRAR AL EXTERIOR, PEREZOSO Y MONÓTONO.

ADJETIVOS DEBIDAMENTE GANADOS POR ESE REPARTIDOR DE PERIÓDICOS GRATUITOS AL QUE ESPERAN UNA DECENA DE PERSONAS ANSIOSAS, ALGUNAS DESGRACIADAMENTE ANALFABETAS, POR EL PERMANENTE OLOR A BOLLERÍA Y CAFÉ, POR LA GENERACIÓN DE LOS 90 CAMINO DE SUS QUEHACERES ACADÉMICOS, POR EL GRUPO DE INMIGRANTES EN EL INTERIOR DE SU FURGONETA QUE LES LLEVARÁ A SU PAN Y AL DE ESTA SOCIEDAD, POR EL ABUELO COJO Y SU TRANSISTOR, POR LAS HERMANAS ESPERANDO EN LA PARADA AL MISMO VEHÍCULO; O TAL VEZ NI SE CONOZCAN, POR EL CLAXON DE LOS COCHES DE CONDUCTORES IMPACIENTES, POR LAS ETERNAS PALOMAS, POR LAS COLEGIALAS QUE ESPERAN EL TRANSPORTE, POR EL SEÑOR AL QUE SE LE QUEDAN CORTOS LOS PANTALONES Y SIEMPRE LLEVA PARAGUAS AUN ASI LUZCA EL REY SOL, POR EL DESEO DE COINCIDIR EN EL ROJO DEL SEMAFORO A SU LADO Y VERLA MIRAR TUS ZAPATILLAS SONRIENDO,POR CONOCER LOS TURNOS DE LOS TRABAJADORES DE LOS COMERCIOS DE LA ESTACIÓN DE TRENES, POR LOS FUMADORES DESAFIANTES DEL FRIO EN LA PERIFERIA DE LA MISMA, POR LA MADRE ESPAÑOLA CON SU HIJITA SUDAMERICANA CON SEMBLANTE TRISTELIZ E INCLUSO POR ENCONTRARTE AL QUE NUNCA APARECE Y SE CONVIERTE EN EL CULPABLE DE TU PREOCUPACION POR EL RETRASO.

NO SE TRATA DE RENCOR, SINO DE ODIO…………… ODIO A LA RUTINA.

PIENSAS SI SON CONSCIENTES DE TUS VISITAS Y APRECIACIONES Y SI SON CORRESPONDIDAS, Y RESULTA QUE ESTAS RODEADO DE GENTE QUE NO CONOCES PERO ALGUNO SABÍA TU NOMBRE IGUAL QUE SABE QUE AL FAKIR LE DUELE.

TE PREGUNTAS SI ESTAS INFLADO DE MEDIOCRIDAD O SI EL SISTEMA TE HA TIMADO.

BUSCAS REFUGIO EN LA MÚSICA A PLENO VOLUMEN AUNQUE PUEDA HACERTE VICTIMA DE UN ATROPELLO O VERDUGO POR NO OIR UN SOCORRO, PERO NO HAY NADA QUE HACER, TODO EL CAMINO AQUELLA EXTRAÑA CANCIÓN…………….. SON LOS PASOS DEL CALLEJÓN SIN SALIDA; ¡WELCOME!

EDIFICIO MARTE, UNO Y CAMPANA…. VUELVES AL INTERIOR PERO AUN TE ACOMPAÑAN ESE PAR DE ADJETIVOS.

martes, 20 de enero de 2009

Franz Ferdinand





Los escoceses Franz Ferdinand (en honor al Archiduque Francisco Fernando de Austria) vuelven al panorama actual con su último trabajo, Tonight: Franz Ferdinand que saldrá a la venta el 26 de enero. La banda liderada por Alex Kapranos, tras casi cuatro años de ausencia, desde You Could Have It So Much Better publicado en 2005, promete volver a los ritmos pegadizos y rifferos que tanto éxito le dieron. Jóvenes con traje y corbatas desabrochadas, ritmos Pop y mucha energía.
Tres fechas en España, dentro de su nueva gira mundial.
- Bilbao, 2 de abril, Pabellón de la Casilla.
- Madrid, 3 de abril, Palacio de los Deportes.
- Granada, 4 de abril, Coliseo de Atarfe.